En este divertido libro, Hugh Drummond nos cuenta la no tan idílica vida familiar de los bobos de patas azules (Sula nebouxi), una historia que se desarrolla en una isla tropical del Pacífico mexicano y que pareciera tener los rasgos típicos de una tragedia griega. Empiezo narrándoles una historia que ha despertado la imaginación —seguida de la fascinación— de cualquiera que la haya presenciado.
Cada año a finales del invierno cientos de machos y hembras de bobos de distintas edades se reúnen nuevamente en una pequeña isla tropical del Pacífico mexicano. ¡Ha llegado el momento de la reproducción! Acuden a la cita puntuales, cada uno busca anidar cerca del lugar donde nació. Los machos compiten por los mejores lugares para establecer su territorio, e inmediatamente empiezan los elaborados cortejos en los que tanto las hembras como los machos participan activamente. Este ritual les permite evaluarse unos a otros y finalmente establecer parejas –que en su mayoría se mantendrán estables por el resto de la temporada.
Como todos sabemos, elegir una pareja no es tarea fácil, ya que esta decisión implica un compromiso que solo se puede cumplir si las dos partes colaboran intensamente. Cada pareja forma un vínculo en el que deberán compartir la tarea de establecer y cuidar un territorio, incubar los huevos durante seis o siete semanas, alimentar a los pollos hasta por diez semanas, y cuidarlos de las agresiones de los vecinos, de los intrusos y de los depredadores. Todo esto sin contar que ellos también deberán alimentarse y cuidarse. Elegir pareja es una decisión fundamental para los bobos, por lo que es natural que durante las primeras semanas los machos y las hembras cortejen a diferentes consortes potenciales, e incluso que cambien su primera elección si encuentran una pareja mejor.
Poco a poco las hembras van pasando más tiempo en el territorio del macho, juntos toman la decisión de dónde construir el nido y se aparean con más frecuencia. Después de unos días, la hembra finalmente pone un huevo, unos días después pone el segundo, y menos frecuentemente un tercero. Sin embargo, establecer una relación estable (al menos durante esa temporada reproductiva) y producir una nidada no evita que tanto las hembras como los machos busquen copular con otros individuos de la colonia.
La habilidad conjunta de los padres para cuidar y alimentar a su progenie, así como la disponibilidad de alimento —que depende de las condiciones del mar— determinarán si los polluelos sobrevivirán y alcanzarán su independencia. Cuatro días después de la eclosión del primogénito, su hermano menor eclosionará y ambos convivirán durante los siguientes tres meses en el apretado entorno familiar del nido hasta que uno, o los dos, alcancen su independencia.
La diferencia de cuatro días hace que el primogénito sea más grande y cuente con un mayor desarrollo cognitivo y muscular. Esta ventaja será de gran relevancia durante las siguientes semanas, ya que al principio ambos hermanos están igualmente motivados para competir agresivamente por el alimento que proveen los padres. Esta competencia, sin embargo, es completamente asimétrica. El drama comienza cuando el hermano menor solicita alimento al progenitor en turno. No hace falta más para que el primogénito, que es más grande y fuerte, desate un violento ataque que solo cesará cuando su hermano menor adopte una actitud sumisa. Este régimen de violencia crónica, hambre, estrés fisiológico y psicológico ocurre de manera reiterada hasta que el menor es finalmente entrenado para ser sumiso. Aunque el entrenamiento reduce la intensidad y la frecuencia de los ataques, disminuye también la cantidad de alimento que recibe el hermano menor, lo que a su vez reduce su sobrevivencia. Esta dinámica tiene enormes consecuencias, ya que mientras solo 25% de los primogénitos muere antes de emplumar, esta cifra crece hasta 35% en los segundos hijos. ¡Una diferencia de 10% en sobrevivencia! Todo esto ocurre ante la mirada impasible de los progenitores, que casi nunca intervienen para detener los ataques.
Las cosas son todavía más difíciles en los años de El Niño, cuando la temperatura del mar aumenta y baja su productividad. En esas condiciones, los padres tienen que hacer esfuerzos extraordinarios, y a menudo fallidos, para alimentar a sus crías. Si esta falta de alimento produce un déficit de peso de entre 20 a 25% en el primogénito, éste intensificará sus ataques y provocará la muerte de su hermano menor por inanición o por expulsión del nido. Los pájaros que tuvieron la suerte de emplumar y alcanzar su independencia pasarán unos años en el mar antes de intentar reproducirse por primera vez; cuando lo hagan, regresarán a la isla que los vio nacer y el ciclo dará una vuelta más.
Inmersa en esta narración se encuentra una lista de fenómenos naturales que necesitan una explicación. Por ejemplo, ¿qué determina la elección de pareja y cuáles son sus consecuencias?, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas de la infidelidad?, ¿cómo se explica la aparente armonía entre los cónyuges y al mismo tiempo su tendencia a la infidelidad?, ¿por qué los padres no intervienen en el conflicto que ocurre entre sus hijos?, ¿qué condiciones favorecen el fratricidio?, ¿cuáles son los efectos a largo plazo de haber sido entrenado para ser sumiso?, ¿por qué les va mejor a las parejas formadas por individuos de edades muy diferentes?, ¿qué tan común es la conducta que observamos en los bobos? Todas estas son preguntas fundamentales para la ecología conductual y evolutiva, cuyas respuestas ayudarán a entender los hechos aparentemente bizarros de la historia que acabo de contar.
Las respuestas a estas incógnitas se construyeron poco a poco, con base en el trabajo sistemático, y seguramente muy divertido, de un nutrido grupo de estudiantes e investigadores liderados por el Dr. Drummond del Instituto de Ecología de la UNAM. Los estudios formales de esta especie en la Isla Isabel, una pequeña isla oceánica localizada al oeste de San Blas, Nayarit, comenzaron en 1981, hace ya más de 40 años.
Muy pronto fue evidente que era necesario mantener un registro sistemático y a largo plazo de los bobos de la isla, así que se emprendió un ambicioso programa de marcaje que no estuvo exento de problemas durante los primeros años. Esta base de datos se ha convertido en una valiosísima fuente de información que ha permitido abordar muchas de las preguntas planteadas con anterioridad. Por ejemplo, sin esta base de datos sería imposible decir algo como lo siguiente:
"Verónica tenía 15 años y regresó con Harry después de tres años con Lance, ahora mismo ella está cortejando y apareándose con un vecino mientras su pareja salió a pescar..."
Sospecho que Hugh tuvo algo que ver con la asignación de los nombres de los bobos... Las respuestas a esas incógnitas se han construido a lo largo de los años usando observaciones bien diseñadas, ingeniosos experimentos en el campo, análisis de paternidad y de niveles hormonales, que, combinados con la valiosa información de la base de datos, nos cuentan la historia de miles de bobos de patas azules. Los invito a descubrir esas respuestas recorriendo las páginas de este interesantísimo y divertido libro.
Por otra parte, en lo que sigue, quiero darles mis impresiones sobre esta obra, ya que este libro, como casi todos los libros, tiene varias lecturas. Primero que nada, es un libro que aborda magistralmente un tema fascinante de la biología, los cómo y los porqués de un fenómeno que es común a prácticamente todos los seres vivos —los conflictos de interés que surgen cuando dos o más individuos interactúan.
Como expliqué arriba, el libro se enfoca en los conflictos que ocurren en el seno de las familias de un ave marina, el bobo de patas azules. Los boobies son aves monógamas (aunque infieles a la primera oportunidad); el macho y la hembra colaboran en el cuidado y la alimentación de uno a tres polluelos que nacen –eclosionan– ciegos, sordos, sin plumas y que son completamente dependientes de sus padres hasta que alcanzan la independencia varios meses después. En el seno de estas familias se desarrollan intensos conflictos como la competencia entre hermanos, que en algunos casos termina con la muerte de uno de ellos, desavenencias entre padres e hijos, conflictos sexuales e infidelidad, un repertorio que nos parecerá escandaloso y al mismo tiempo familiar, y que ocurre en muchas especies de vertebrados, la nuestra incluida.
Otro acierto del libro es la manera en que un relato sobre la sorprendente historia natural de una especie de ave marina se transforma en una revelación del funcionamiento de la naturaleza. Esta transformación ocurre cuando esa historia se ubica en el contexto de la teoría de la evolución y particularmente en las ideas sobre selección de parentesco (en inglés, Kin selection). Esta teoría hace referencia a la selección que opera entre individuos emparentados, como los integrantes de una familia nuclear. Cuando uno de los miembros de una familia se reproduce, sus parientes obtienen también un beneficio, que es proporcional al grado de parentesco, es decir, a la fracción de genes que comparten esos dos parientes. Es por esta razón que cuando los individuos están cercanamente emparentados, como es el caso de los progenitores y sus hijos, estos deberían mostrar más disposición para cooperar, restringir sus impulsos egoístas y ser menos agresivos. A pesar de esto, los intereses de los diferentes individuos que constituyen una familia no necesariamente coinciden. Por ejemplo, un progenitor debería valorar a sus hijos por igual debido a que comparte la misma proporción de genes con cada uno de ellos, y por lo tanto, asignar una ración equivalente de alimento a cada uno. Sin embargo, un hijo que sea capaz de obtener más alimento que el que sus padres están dispuestos a darle obtendrá un beneficio a costa de sus hermanos (ya que cada individuo valora a un hermano en la mitad de lo que se valora a sí mismo). Esta situación plantea un claro conflicto de interés entre los padres y los hijos y entre los hermanos. Ésta y otras ideas constituyen la columna vertebral que da sentido a las observaciones de historia natural que se narran en el libro y que son la base sobre la que se construyeron las hipótesis analizadas en esta obra.
Aunque no es su principal objetivo, el libro también habla sobre la vida de un científico, de cómo se hace la ciencia. Resalta la importancia de la teoría y del trabajo en equipo, describe la aventura –tanto intelectual como real– de hacer ciencia, y subraya la avidez por entender los fenómenos naturales. El libro de Drummond enfatiza la importancia de entender la naturaleza, de darnos cuenta de que somos una más de las miles de especies de vertebrados con las que compartimos una historia evolutiva, y que entender a esas especies nos ayuda a entendernos a nosotros mismos. Para decirlo en las palabras del autor, "las similitudes conductuales que se observan entre los humanos y los bobos probablemente evolucionaron como consecuencia de procesos selectivos similares, por lo que el comportamiento animal puede de hecho explicar las malas conductas de los humanos".
Quiero mencionar otro aspecto del libro que llamó poderosamente mi atención. Esparcidos a lo largo del texto encontramos pinceladas de cotidianidad, reflexiones del autor o pequeños relatos que rompen armoniosamente la narrativa científica, que en conjunto imprimen una pátina que nos acerca a la camaradería, al lado humano que emerge cuando las personas colaboran en empresas extraordinarias como la que narra este libro.
Finalmente, pero no en último lugar, esta obra también nos habla sobre la persona que la escribió, el Dr. Hugh Drummond, mi querido amigo Hugh. Habla de un joven estudiante de leyes en la Inglaterra de la posguerra que ansiaba conocer el mundo, experimentar culturas, climas y paisajes exóticos, seguir escalando montañas y teniendo aventuras. La mejor manera que encontró para caminar por ese sendero fue estudiar para ser maestro de inglés, profesión que ejerció durante un tiempo hasta que tuvo ofrecimientos para trabajar en Noruega, Costa Rica y México. Hugh eligió México por razones que él podrá explicar mejor que yo, y al hacerlo, les puedo asegurar que influyó poderosamente en la vida de muchas personas, de su familia sin duda, de sus numerosos estudiantes y de todos los que tenemos el privilegio de ser sus amigos.
Fascinado por la riqueza biológica y cultural de ese México de la segunda mitad del siglo pasado, Hugh canalizó su interés por la naturaleza a través de la lectura y de manera inevitable dio con los textos de Konrad Lorenz, Niko Tinbergen y Karl von Frisch, los fundadores de la Etología. Estas lecturas, junto con sus experiencias en la naturaleza y el aprendizaje autodidacta de la teoría evolutiva y de la ecología conductual, lo condujeron a seguir una carrera científica formal.
Después de pasar cinco años trabajando en México como maestro, Hugh fue aceptado en la Universidad de Tennessee para hacer un doctorado en etología y psicología comparada. Lo que pasó después es historia y este libro forma parte de ella.